
Envuelta en llamas, renazco.
Una y otra vez.
Desato mis nudos de antaño y vuelo.
Ya sin cadenas, sin tanto peso que aprisionan mis sentidos.
El fuego es intenso, doloroso e íntegro.
Y purifica poco a poco mis temores invisibles.
Despacio, lentamente, todas las antorchas están encendidas
a mi alrededor. O dentro mío.
Y siento al nido, tan seguro antes para mí,
desintegrarse lentamente ante mis ojos.
Lo que era ya no es.
Lo que antes era certeza se desdibuja poco a poco
hasta ya no tener absoluto sentido.
Un tizón ardiente es la clave de esta muerte.
Y cuando el Fuego Eterno me deja sitiada ante lo inevitable,
el mendigo se convierte en Rey.
El ladrón ya es probo.
El injusto ahora es ecuánime.
El perezoso es guerrero.
El muerto vive.
Y entre las plomizas cenizas,
- misterio cíclico de las vidas -,
soy Ave Fenix coronado
soy el sempiterno Caminante de los Cielos
que hacia mi Eternidad, se eleva.
Una y otra vez.
Desato mis nudos de antaño y vuelo.
Ya sin cadenas, sin tanto peso que aprisionan mis sentidos.
El fuego es intenso, doloroso e íntegro.
Y purifica poco a poco mis temores invisibles.
Despacio, lentamente, todas las antorchas están encendidas
a mi alrededor. O dentro mío.
Y siento al nido, tan seguro antes para mí,
desintegrarse lentamente ante mis ojos.
Lo que era ya no es.
Lo que antes era certeza se desdibuja poco a poco
hasta ya no tener absoluto sentido.
Un tizón ardiente es la clave de esta muerte.
Y cuando el Fuego Eterno me deja sitiada ante lo inevitable,
el mendigo se convierte en Rey.
El ladrón ya es probo.
El injusto ahora es ecuánime.
El perezoso es guerrero.
El muerto vive.
Y entre las plomizas cenizas,
- misterio cíclico de las vidas -,
soy Ave Fenix coronado
soy el sempiterno Caminante de los Cielos
que hacia mi Eternidad, se eleva.
PAOLA

